La prevención de lavado de dinero no es un tema exclusivo de bancos. Las empresas también necesitan conocer con quién hacen negocios y detectar comportamientos que puedan representar un riesgo.
Aunque una señal aislada no necesariamente significa que exista una actividad ilícita, prestar atención a ciertas situaciones permite realizar una evaluación más cuidadosa.
1. Operaciones que no corresponden con el perfil del cliente
Movimientos por montos, frecuencia o características que no coinciden con la actividad habitual del cliente pueden requerir una revisión adicional.
2. Información difícil de comprobar
Datos incompletos, documentos inconsistentes o resistencia a proporcionar información necesaria para establecer una relación comercial son señales que no deberían ignorarse.
3. Estructuras comerciales demasiado complejas
La participación de múltiples empresas, intermediarios o beneficiarios sin una razón comercial clara puede dificultar conocer quién está realmente detrás de una operación.
4. Cambios repentinos en las operaciones
Un aumento considerable en montos, frecuencia o tipo de transacciones sin una explicación relacionada con el negocio también merece atención.
5. Coincidencias con listas de riesgo
Antes y durante una relación comercial, conviene verificar si clientes, socios o beneficiarios aparecen en listas relacionadas con Personas Políticamente Expuestas (PEP), sanciones u otros factores de riesgo.
Una estrategia de prevención de lavado de dinero permite detectar señales oportunamente y tomar decisiones con mayor información.
El punto aquí no es asumir que toda operación diferente es sospechosa, sino contar con procesos para identificar, analizar y dar seguimiento a los riesgos.
